La prestigiosa antropóloga Prístina Gialla se anticipó al afirmar que J Reenviado componía con blancas oscurecidas y bemoles atrincherados. Se anticipó a ella misma, porque tenía previsto afirmarlo un dia después. Pero afirmar la empujaba a la precipitación sabática. El famoso antropólogo Johan Johan de Estupefacto matizó la afirmación de la prestigiosa antropóloga Prístina Gialla, al afirmar que las oscurecidas no eran las blancas sinó las corcheas y todavía matizó más al afirmar que las corcheas eran salvajes formulaciones que, ya matizando del todo, desprenían psicomotricidades aromáticas de bajo coste o low cost, ahora no recuerdo. Tan rica polémica provocó que siete antropólogos sin caries se reunieran un jueves cualquiera. Encontrar uno cualquiera no fué fácil, porque la mayoría de jueves tienen número y pertenecen a un mes. Estuvieron cinco semanas debatiendo hasta llegar a la conclusión de que eran seis y no siete los antropólogos reunidos. Había resultado que uno tenía caries y se habían visto obligados a expulsarlo disimuladamente.
Nada de esto afectó lo más mínimo la producción sistemática de la obra sin par de J Reenviado, que lejos de polémicas y de Budapest, inauguró la famosa exposición: cuadros a cuadros. Esta exposición marcó el rumbo de la historia de la pintura, incluso la del pasado, obligando a todos los pintores clásico a repintar sus obras, hecho que algunos aprovecharon para ir a la peluquería. Fué en aquella época cuando la madre de J Reenviado acusó a su hijo de haberla engañado con un falso catarro, a lo cual J Reenviado contestó con un dignísimo: ¡aaaaaaatchís!
viernes, 9 de mayo de 2008
jueves, 8 de mayo de 2008
CAPÍTULO APROXIMADAMENTE ONCE (11)
Lo que nunca se ha contado de J Reenviado es que, a pesar de que no se ha dicho nunca, J Reenviado era poeta, muy poeta, sobretodo de seis a cuatro, en Holanda. Se sabe que escribió allí sus sonetos sin palabras esdrújulas y dibujó sus dibujos, también sin esdrújulas. Se sabe pero no se ha dicho nunca porque nadie todavía había tenido tiempo de decirlo. Y también compuso su entonces famosa pero ahora olvidada sonata, cuyo título no se puede recordar si no es en Holanda, de seis a cuatro. Dicho todo lo dicho, se entiende mejor la primera etapa poético-agridulce de J Reenviado. Aunque entendiéndose mejor no se disfruta más, ni siquiera en Holanda. Más bien lo contrario, de seis a cuatro.
Pero no podemos olvidar que J Reenviado... Bueno, sí podemos olvidarlo, y lo hemos hecho. Así que vamos a referirnos a un nuevo episodio de su vida que nos ayudará a comprender la capacidad plástica así como duodecimal, de la creación sin par y sin esdrújulas de J Reenviado. Siempre en Holanda, aunque este extremo no ha sido confirmado. Está confirmado otro extremo, el izquierdo, no, más a la izquierda, sí, este, este extremo, que visto desde aqui no parece un extremo, parece un hueco sin razón. Aunque desde Holanda lo parece menos y no precisamente de seis a cuatro.
J Reenviado tuvo tres u ocho etapas como poeta, todas conglomeradas en una, que duró poco, de seis a cuatro más o menos, aunque más menos que más. Suelen dividirse en:
1. etapa prenatal
2. etapa búlgara
3. etapa risueña
4. etapa natal
5. etapa intermedia
6. etapa final
7 etapa búlgara (II)
9. etapa
8. etapa enojada porque el 9 se le había colado
Pero no podemos olvidar que J Reenviado... Bueno, sí podemos olvidarlo, y lo hemos hecho. Así que vamos a referirnos a un nuevo episodio de su vida que nos ayudará a comprender la capacidad plástica así como duodecimal, de la creación sin par y sin esdrújulas de J Reenviado. Siempre en Holanda, aunque este extremo no ha sido confirmado. Está confirmado otro extremo, el izquierdo, no, más a la izquierda, sí, este, este extremo, que visto desde aqui no parece un extremo, parece un hueco sin razón. Aunque desde Holanda lo parece menos y no precisamente de seis a cuatro.
J Reenviado tuvo tres u ocho etapas como poeta, todas conglomeradas en una, que duró poco, de seis a cuatro más o menos, aunque más menos que más. Suelen dividirse en:
1. etapa prenatal
2. etapa búlgara
3. etapa risueña
4. etapa natal
5. etapa intermedia
6. etapa final
7 etapa búlgara (II)
9. etapa
8. etapa enojada porque el 9 se le había colado
miércoles, 19 de marzo de 2008
CAPÍTULO DIEZ, ASÍ, TAL CUAL, COMO UN PEZ (Visca la tieta Clara!)
De J Reenviado se han comentado muchos aspectos biográficos que habría que matizar. No es cierto, por ejemplo, que se hayan comentado muchos aspectos biográficos. Esto habría que matizarlo, tanto lo primero como lo segundo, incluso lo tercero, no sabiendo exactamente qué es lo tercero –luego habría que matizarlo también.
Es bien conocida la afición de J Reenviado por las apuestas súbitas, pero como es bien conocida, no la detallaremos. La velaremos y la sacaremos a relucir un jueves reluciente para que así reluzca la afición, el jueves y una tercera cosa que no sabemos qué es ni si es cosa o todo lo contrario, no sabiendo tampoco que es lo contrario de una cosa, pero sabiendo otras muchas cosas que no vienen a cuento. A cuento viene (viene a pié, porque es un cuento de una sola pierna) la idea generalizada de que la obra de J Reenviado es una ruptura radical con el pasado. No es cierto. Sin el pasado no hubiera podido coger la inercia necesaria para transformar el presente hasta el punto de romper radicalmente con el pasado. Porque J Reenviado era de naturaleza práctica y emprendedora, por eso cuando hacía una cosa se le notaba.
En esa época, su afición a la composición a ciegas le llevó a componer site oráculos sónicos en forma de saca-corchos, muy valorados entre los expertos (los saca-corchos, no los oráculos). Los expertos (de saca-corchos, no de oráculos) nunca entendieron porqué había que poner un guión entra saca y corcho, y lo quitaron, convirtiéndose en saca-guiones y consolidando la palabra sacacorchos. Y todo sin haber escuchado jamás los oraculos sónicos de J Reenviado, extremo éste que su compositor ya había previsto. De hecho había previsto que nadie nunca escuchara sus siete oráculos sónicos y por este motivo y tres más irrelevantes guardó las partituras en un cajón conviriendo las siete obras en música posible pero nunca ejecutada. Lo hizo con intención, porque J Reenviado no podía tolerar la contradicción de tener que ejecutar sus partituras para darles vida. Otras contradicciones las toleraba estupendamente, pero esta no, sobretodo porque el médico le había recomendado no tolerar algo de vez en cuando.
Es bien conocida la afición de J Reenviado por las apuestas súbitas, pero como es bien conocida, no la detallaremos. La velaremos y la sacaremos a relucir un jueves reluciente para que así reluzca la afición, el jueves y una tercera cosa que no sabemos qué es ni si es cosa o todo lo contrario, no sabiendo tampoco que es lo contrario de una cosa, pero sabiendo otras muchas cosas que no vienen a cuento. A cuento viene (viene a pié, porque es un cuento de una sola pierna) la idea generalizada de que la obra de J Reenviado es una ruptura radical con el pasado. No es cierto. Sin el pasado no hubiera podido coger la inercia necesaria para transformar el presente hasta el punto de romper radicalmente con el pasado. Porque J Reenviado era de naturaleza práctica y emprendedora, por eso cuando hacía una cosa se le notaba.
En esa época, su afición a la composición a ciegas le llevó a componer site oráculos sónicos en forma de saca-corchos, muy valorados entre los expertos (los saca-corchos, no los oráculos). Los expertos (de saca-corchos, no de oráculos) nunca entendieron porqué había que poner un guión entra saca y corcho, y lo quitaron, convirtiéndose en saca-guiones y consolidando la palabra sacacorchos. Y todo sin haber escuchado jamás los oraculos sónicos de J Reenviado, extremo éste que su compositor ya había previsto. De hecho había previsto que nadie nunca escuchara sus siete oráculos sónicos y por este motivo y tres más irrelevantes guardó las partituras en un cajón conviriendo las siete obras en música posible pero nunca ejecutada. Lo hizo con intención, porque J Reenviado no podía tolerar la contradicción de tener que ejecutar sus partituras para darles vida. Otras contradicciones las toleraba estupendamente, pero esta no, sobretodo porque el médico le había recomendado no tolerar algo de vez en cuando.
domingo, 24 de febrero de 2008
CAPÍTULO NUEVE O NOVENO QUE ESTO NO TIENE FRENO
Y justo entonces pasó algo que ya ha sido contado así que no lo vamos a volver a contar por falta de presupuesto, tiempo y capacidad.
Y sin embargo, en aquella época J Reenviado comía a grandes rasgos y aspiraba el oxígeno ajeno. Era delgado, pero no lo parecía, parecía incrédulo. Miraba de reojo sin abrir los ojos y fermentaba teorías sobre dos o tres aspectos que no llegó a adivinar. Como es sabido, en aquellos primeros años fue boxeador, bailarín, pintor, reparador de palillos, víctima, tertuliano mudo, reserva, defensor de causas que empezaran por A y borracho; todo a la vez y el mismo día. El día siguiente se aburrió y empezó su famosa trilogía de cuatro volúmenes. Empezó por el cuarto porque los otros tres los había perdido sin haberlos escrito, hecho que le afectó muy negativamente hasta el punto de que nunca llegó a escribir el cuarto volumen. En una carta enviada a su hermano se lee (quien lo lee no se sabe):
Pienso en el cuarto volumen. Lo veo rojo y no tan rojo: azul. Lo veo liviano, iluso, ilustrado, cóncavo, muy cóncavo. Y de trazos eruditos, aunque irrelevantes. No encuentro editora que lo publique. No encuentro las llaves de casa. ¿Cómo te encuentras? Me debes dinero.
Esta carta, fundamental para comprender ciertos aspectos de J Reenviado que a pesar de esta carta no se entienden en absoluto, la envió a su hermano, que no la leyó porque por aquél entonces J Reenviado no tenía hermano, o lo tenía lejos, hay diversidad de opiniones al respecto.
(capítulo dedicado a Laura, comentarista que ha hecho avanzar la siempre apasionante historia, nada apasionante, de J Reenviado. Y a la tieta Clara, lectora, fan, seguidora e inspiración astronómica de J Reenviado y de tantas otras cosas sean o no sean J Reenviado)
Y sin embargo, en aquella época J Reenviado comía a grandes rasgos y aspiraba el oxígeno ajeno. Era delgado, pero no lo parecía, parecía incrédulo. Miraba de reojo sin abrir los ojos y fermentaba teorías sobre dos o tres aspectos que no llegó a adivinar. Como es sabido, en aquellos primeros años fue boxeador, bailarín, pintor, reparador de palillos, víctima, tertuliano mudo, reserva, defensor de causas que empezaran por A y borracho; todo a la vez y el mismo día. El día siguiente se aburrió y empezó su famosa trilogía de cuatro volúmenes. Empezó por el cuarto porque los otros tres los había perdido sin haberlos escrito, hecho que le afectó muy negativamente hasta el punto de que nunca llegó a escribir el cuarto volumen. En una carta enviada a su hermano se lee (quien lo lee no se sabe):
Pienso en el cuarto volumen. Lo veo rojo y no tan rojo: azul. Lo veo liviano, iluso, ilustrado, cóncavo, muy cóncavo. Y de trazos eruditos, aunque irrelevantes. No encuentro editora que lo publique. No encuentro las llaves de casa. ¿Cómo te encuentras? Me debes dinero.
Esta carta, fundamental para comprender ciertos aspectos de J Reenviado que a pesar de esta carta no se entienden en absoluto, la envió a su hermano, que no la leyó porque por aquél entonces J Reenviado no tenía hermano, o lo tenía lejos, hay diversidad de opiniones al respecto.
(capítulo dedicado a Laura, comentarista que ha hecho avanzar la siempre apasionante historia, nada apasionante, de J Reenviado. Y a la tieta Clara, lectora, fan, seguidora e inspiración astronómica de J Reenviado y de tantas otras cosas sean o no sean J Reenviado)
miércoles, 12 de diciembre de 2007
CAPÍTULO OCHO O DE COMO ÉSTE CAPÍTULO VIENE ANTES DEL NUEVE
No fueron fáciles, no, los inicios musicales de J Reenviado. En el conservatorio no llegaron a conservarlo más de tres días: al cuarto lo expulsaron. Enfurecido, se enfureció. Muy enfurecido, pintó su primer cuadro: composición verde, de clara influencia mísmica (movimiento a favor del talento de uno mismo, creado por J Reenviado un día de escaso talento). Regresó al conservatorio de música y lo colgó al revés (el cuadro, no el conservatorio, que eso pasó luego, pero no será contado por ser un episodio más retropsicoespasmódico que biográfico). Una vez colgado al revés fue inmediatamente readmitido y expulsado por unanimidad. Su padre intuyó que el niño tenía talento pictórico y lo apuntó a bailes de salón: nunca se había fiado de sus intuiciones. Fue allí, entre piernas y abrazos autómatas cuando ideó su segundo cuadro: estructura verde, de claras influencias ningunianas (movimiento pictórico que no bebe de ningún movimiento pictórico, porque no tiene sed). Lo ideó y lo desechó, porque desechar le salía mucho mejor que idear, especialmente mientras bailaba un fox-trot. Y eso fue lo que hizo J Reenviado antes de hacer tantas otras cosas que hizo antes de hacer tantas otras cosas que hizo antes de hacer tres cosas que nunca hizo: una, dos y tres. Y justo entonces...
domingo, 4 de febrero de 2007
CAPÍTULO SIETE, COMO LOS MAGNÍFICOS O LOS MOSQUETEROS ¿O NO ERAN SIETE? ¿O NO ERAN MOSQUETEROS?
Ya de muy pequeño J REENVIADO demostró un gran talento para el piano. Le encantaba tocarlo y que le tocara. Establecieron buena amistad hasta que el piano se enamoró de una partitura de Charles Ives y dimitió: sonaba borroso. La madre no lo supo nunca, la del piano, se entiende. Tampoco supieron entender como era posible ser músico esplendoroso y a la vez pintor finísimo. Y conferenciante a la vez que bailarín. O en tanto que bailarín, porque sus conferencias eran bailables: bailaban los conceptos, bailaban los pronombres, bailaban las miradas, bailaban las prostitutas, bailaban los enamorados, bailaban las cifras, bailaban los flecos, bailaban las aspiraciones y bailaban los ausentes. Y ya no bailaba nadie más. Un episodio de infancia ilustra perfectamente lo dicho: iba J Reenviado por un camino cuando pasó algo (algo que ilustra perfectamente lo dicho, pero que no contamos porque nadie antes lo ha hecho y, en consecuencia, no sabemos qué ocurrió).
También sabía tocar el violín pensando en otra cosa (exite un listados de las cosas que pensaba J Reenviado cuando tocaba el violín en la biblioteca de Leipzig, entrando a mano izquierda. Entrando a mano izquierda està Leipzig, no la biblioteca).
También sabía tocar el violín pensando en otra cosa (exite un listados de las cosas que pensaba J Reenviado cuando tocaba el violín en la biblioteca de Leipzig, entrando a mano izquierda. Entrando a mano izquierda està Leipzig, no la biblioteca).
martes, 30 de enero de 2007
CAPITULO SEIS O SEXTO, DEPENDIENDO DEL CONTEXTO
(aviso inútil y no por eso menos gratuito: los comentarios hacen avanzar esta narración. Cuantos menos comentarios, menos avance. O avance cero. De momento no se ha registrado ningún retroceso. Aviso útil: fin del aviso anterior)
A principios de siglo (los biógrafos no concretan el siglo) J Reenviado compone su famosa Messe des pouvres (misa de los pobres). La compone en francés porque, en esa etapa, su francés era muy pobre.
Años más tarde esculpe la famosa patata microscópica, homenaje secreto a los "Comedores de patatas" de Van Gogh. Tan secreto que ni J Reenviado lo sabía, y se lo tuvieron que decir. Se trataba de una patata de dimensiones microscópicas, una especie de patata-átomo que simbolizaba lo que era: una patata de dimensiones microscópicas, porque por aquel entonces a J Reenviado no le sentaban bien los símbolos y le dolía que las cosas y las obras tuvieran significados absurdos más allá de ellas mismas. Para defender esta tesis la escribió y se la leyó tres veces antes de leerla otra vez, y así pudo dormir mejor. Porque si algo enojaba a J Reenviado, incluso más que un símbolo, era un insomnio.
Lo que no es ningún secreto es que, de la misma manera que es sabido que John Cage era el espíritu de Erik Satie, J Reenviado era el espíritu de John Cage. Biógrafos y ornitólogos aseguran que J Reenviado nunca conoció a Cage, nunca leyó a Cage, nunca escuchó a Cage. Mutismo y silencio entre ambas figuras. Hecho que confirmaría que J Reenviado era el espíritu de Cage.
La Messe des pouvres fué abucheada el día de su estreno. Defensor a ultranza del arte pobre, J Reenviado había ideado una orquesta de instrumentos hechos de escombros y residuos. A medida que la Misa avanzaba, los instrumentos se desmembraban y caían a trozos. A nadie le pareció gracioso y menos tadavía a los pobres, que no habían sido invitados y pedían limosna ignorantes de un hecho tan trascendental como aquel. El hecho trascendental era que pedían limosna, se entiende. Por otro lado, un lado más azulado, la Misa se estrenó sin incidentes antes de lo esperado ya que, se estrenara cuando se estrenara, nadie esperaba una Misa como aquella.
Y sin embargo la Missa tuvo críticas excelentes que ayudaron a superar la crisis de actos reflejos que sufría J Reenviado, especialmente los dias zurdos.
A principios de siglo (los biógrafos no concretan el siglo) J Reenviado compone su famosa Messe des pouvres (misa de los pobres). La compone en francés porque, en esa etapa, su francés era muy pobre.
Años más tarde esculpe la famosa patata microscópica, homenaje secreto a los "Comedores de patatas" de Van Gogh. Tan secreto que ni J Reenviado lo sabía, y se lo tuvieron que decir. Se trataba de una patata de dimensiones microscópicas, una especie de patata-átomo que simbolizaba lo que era: una patata de dimensiones microscópicas, porque por aquel entonces a J Reenviado no le sentaban bien los símbolos y le dolía que las cosas y las obras tuvieran significados absurdos más allá de ellas mismas. Para defender esta tesis la escribió y se la leyó tres veces antes de leerla otra vez, y así pudo dormir mejor. Porque si algo enojaba a J Reenviado, incluso más que un símbolo, era un insomnio.
Lo que no es ningún secreto es que, de la misma manera que es sabido que John Cage era el espíritu de Erik Satie, J Reenviado era el espíritu de John Cage. Biógrafos y ornitólogos aseguran que J Reenviado nunca conoció a Cage, nunca leyó a Cage, nunca escuchó a Cage. Mutismo y silencio entre ambas figuras. Hecho que confirmaría que J Reenviado era el espíritu de Cage.
La Messe des pouvres fué abucheada el día de su estreno. Defensor a ultranza del arte pobre, J Reenviado había ideado una orquesta de instrumentos hechos de escombros y residuos. A medida que la Misa avanzaba, los instrumentos se desmembraban y caían a trozos. A nadie le pareció gracioso y menos tadavía a los pobres, que no habían sido invitados y pedían limosna ignorantes de un hecho tan trascendental como aquel. El hecho trascendental era que pedían limosna, se entiende. Por otro lado, un lado más azulado, la Misa se estrenó sin incidentes antes de lo esperado ya que, se estrenara cuando se estrenara, nadie esperaba una Misa como aquella.
Y sin embargo la Missa tuvo críticas excelentes que ayudaron a superar la crisis de actos reflejos que sufría J Reenviado, especialmente los dias zurdos.
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